Fue hace ahora justo 20 años, en 2006. Un señor muy bien vestido, con el pelo engominado y tirante hacia atrás, no puede evitar que las conversaciones de otro viajero en el mismo vagón del AVE entre Sevilla y Madrid le llamen la atención. «Venga, le quito 200.000 y es tuyo». HY al rato: «No te preocupes, yo te lo vendo aunque te falten 500.000 para llegar a lo que te pedía». Y así todo el tiempo. «Habíamos salido de Sevilla y comenzó a hacer operaciones. Y ya íbamos por Córdoba y no había parado de cerrar tratos Lo estaba vendiendo todo», recuerda hoy el señor engominado. Es Mario Conde. Y el hombre que vendía como un poseso, José Luis López, el Turronero. Ese día, en el tren, se hicieron amigos. Y luego, más que amigos´: compadres. Familia, pues el ex banquero fue padrino de una nieta del magnate de los centros comerciales. En el evento tecnológico CTx Sevilla, los compadres han explicado las claves de su forma de hacer negocios y su relación con la tecnología: mientras el Turronero lo fía todo a su capacidad para medir a las personas y tiene un teléfono móvil que no es ni smartphone y no tiene ni whatsapp, Conde apuesta decididamente por las últimas tecnologías y reveló que está inmerso en una operación de ampliación de capital para un holding de Defensa que se está haciendo a través de tokens.